TERNERAS LECHERAS: UN COMIENZO RÁPIDO PARA UNA MAYOR RENTABILIDAD DE POR VIDA

 

Maximizar la rentabilidad de por vida por cada vaca, una buena medida de la rentabilidad general de la explotación lechera, requiere diligencia en todas las etapas, comenzando con el nacimiento. Lo que sucede en las primeras 9 semanas de vida puede fijar el éxito de las terneras a largo plazo.
La reposición de vacas es parte de toda explotación lechera moderna. El reemplazo de los hatos ofrece la oportunidad de mejorar la genética e incrementar la producción. Es importante criar terneros que aseguren la oportunidad de volverse una parte contribuyente del hato y que lo hagan de una manera que maximice el número de días que una vaca permanece en producción (lactancia) frente al crecimiento hasta la primera parición y los períodos secos.

Múltiples estudios han demostrado que la reducción de la edad de primera parición de 24 a 25 meses hasta 22.5 a 23.5 mejora la rentabilidad de por vida. Datos interpretados a partir de Changhee Do et al. muestran cómo la rentabilidad de por vida presenta un pico en torno a una edad de primera parición de 23 meses (Figura 1). A partir de allí, conforme aumenta la edad de primera parición, el retorno neto por vaca disminuye.

La maximización del potencial de las vacas comienza en etapas tempranas

A fin de mejorar la rentabilidad con una menor edad de primera parición, las terneras deben alcanzar esa edad en un estado que permita una buena producción de leche y, al igual que en las vacas lactantes posteriores, no deben presentar un peso excesivamente alto o bajo.

Al momento del primer servicio, la edad es menos importante que el peso corporal y la altura. En holsteins se recomienda un peso de unos 350 kg y una altura de aproximadamente 120 cm. Es importante que el crecimiento sea en tamaño de caja y músculo magro y no en tejido adiposo.

Las razas de ganado lechero obviamente desarrollan menos músculo que las razas de carne o las de doble propósito. En parte las hemos seleccionado para maximizar la leche en lugar del músculo, mantener más músculo del necesario representaría una pérdida de eficiencia. No obstante, es igualmente importante que criemos nuestras terneras para que desarrollen un músculo adecuado. En vacas lecheras, el sistema musculoesquelético representa no sólo un método de movimiento sino que actúa también como reservorio de nutrientes. Particularmente en la lactancia temprana cuando el consumo de alimento no satisface las necesidades de la vaca, la proteína del músculo se utiliza para proporcionar no sólo aminoácidos para la producción de proteínas sino también el esqueleto de carbono para la producción de glucosa a través de la gluconeogénesis. (Para más información sobre el balance energético negativo en vacas lecheras, véase Science & Solutions, número 17)

Actualmente se dispone de una serie de programas para cría de terneros destinados a incrementar este crecimiento precoz. Los programas que maximizan este crecimiento y destetan a los terneros con alimentos secos menos costosos contribuyen a un mejor crecimiento a largo plazo. El aumento de la ganancia diaria promedio (GDP) previo al destete puede incrementar la posterior producción de leche, como se muestra en el Cuadro 1.

Cuadro 1-Diferencias previstas en modelos de día de prueba (TDM, por sus siglas en inglés) para leche residual (kg) para la 1a, 2a y 3a lactancia, así como la leche acumulada entre la 1a y la 3a lactancia en función de la ganancia diaria promedio previa al destete y el consumo de energía por encima del mantenimiento previsto para el hato de Cornell

La cría de terneros requiere atención a los detalles para reducir la morbilidad y la mortalidad. Una de las claves del éxito es lograr que coman consistentemente y pasen de consumir leche a consumir alimento seco, es decir, iniciador para terneros. El consumo de alimento y la salud están íntimamente relacionados. Los terneros que comen más tienden a ser más sanos y los más sanos tienden a comer más. Independientemente de cuál preceda a cuál, el objetivo es el mismo. En este sentido, a menudo se han incluido antibióticos en los sustitutos de la leche. Sin embargo, los consumidores de muchos lugares han expresado fuerte preocupación por los antibióticos subterapéuticos en la producción lechera y ganadera. Cada vez en más países, el uso de antibióticos promotores de crecimiento se ha prohibido, lo que refleja en parte la mayor resistencia de las bacterias a los antibióticos.

Fuente: Science&Solutions