ESTRATEGIAS PARA RECUPERAR LA FERTILIDAD EN LOS SUELOS AGRÍCOLAS

Un grupo de especialistas coincidió en que reponer los nutrientes que extraen los cultivos es fundamental.
Con el objetivo de concientizar sobre su importancia para la seguridad alimentaria y el ambiente, la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) declaró que este año sería el “Año Internacional de los Suelos”.
Por esto, en Argentina, desde la Asociación Argentina de Ciencias del Suelo (AACS) y las universidades siguen abogando por su cuidado.
“Hay pocas regiones en el mundo con tanta fertilidad y riqueza natural como la Pampa Húmeda. Además, nuestros suelos están bajo agricultura hace pocos años, a diferencia de los de Europa, que tienen más de 2000 años de historia agrícola”, afirmó Diego Cosentino, presidente de la AACS y profesor de Edafología de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA).
Miguel Taboada, director de Suelos del INTA e investigador principal del Conicet, aclaró que “la calidad de los suelos argentinos no debe confundirnos, ya que ésto motivó que gran parte de la explotación realizada en el siglo XX afectara esa fertilidad natural y muchos de estos suelos ya la han perdido. Quizás, la principal causa fue el uso de elementos de labranza muy agresivos, que hoy se ha minimizado”.
Por su parte, Carina Alvarez, secretaria de la AACS e investigadora de la cátedra de Fertilidad y Fertilizantes de la FAUBA, agregó que, actualmente, “el 85% de los granos de la Argentina se producen bajo siembra directa. Somos el país que más proporción de agricultura hace en labranza cero y el tercero en cantidad de hectáreas”. Y señaló que una de las deudas pendientes es aumentar la reposición de los nutrientes que se van del suelo con cada cosecha.
Los investigadores coinciden en señalar que hoy existen algunas luces amarillas y rojas en la agricultura. Por eso, respecto a los riesgos de prácticas como el monocultivo o la falta de reposición de nutrientes, Taboada dice: “Todo esto hace que los suelos queden muy sujetos a pérdidas de carbono y tiendan a la compactación mientras que, por otra parte, los desbanlances de nutrientes están empobreciendo los suelos”.
“Nuestros suelos eran muy ricos y potenciaban el rendimiento de nuestros cultivos. Pero cosecha tras cosecha muchos de los nutrientes se fueron yendo del sistema y llegó un punto en que fue necesario empezar a reponerlos a partir de la fertilización, la fijación biológica del nitrógeno (propia de las leguminosas) y el abonado”, dijo Alvarez.
“Esta concientización comenzó a estar presente en los últimos años: devolver la fertilidad que vamos retirando cosecha tras cosecha”, apuntó.
Por otra parte, el cambio climático también está provocando fenómenos extremos, como fuertes tormentas y sequías, que favorecen procesos de erosión eólica e hídrica, y aumentan la necesidad de implementar prácticas que tiendan a protegerlos.
“Las ciencias del suelo también está íntimamente relacionadas con cambio climático, porque el suelo cumple la función de capturar carbono, almacenarlo e impedir que se libere a la atmósfera como dióxido de carbono, que es el principal gas de efecto invernadero”, dijo Cosentino.
Según Taboada, el suelo juega un doble rol en este caso: “Por un lado es el principal almacén de carbono de los ecosistemas terrestres y, por otro, emite gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y otros, como el oxido nitroso y el metano, cuyo poder de absorber la radiación es muy alto, favoreciendo el calentamiento”.
FUENTE: clarin.com