EL AGRÓNOMO COMO GENERADOR DE CAMBIOS.

Así como se nos reconoce como un país megadiverso en climas, plantas, aves, insectos, etc., también debemos reconocer la diversidad de prácticas agrícolas que tenemos en distintas partes del país.

​Si retrocedemos en el tiempo y recordamos en retrospectiva, podemos analizar lo desarrollado por las culturas pre-incas e Inca; encontraremos una diversidad de prácticas según la naturaleza de cada ambiente; y hasta la fecha se encuentran vestigios o estructuras que se utilizan en la actualidad. Tal es el caso de los “waru waru” en Puno, los acueductos en Nazca, los canales de irrigación en ángulo o el sistema de andenería existentes en distintas partes de las montañas. Cada una de estas prácticas como una alternativa a la situación adversa que enfrentaron los antiguos pobladores; lo cual denota que se buscaba el desarrollo de la agricultura en todo el incanato, pese a la topografía o el clima.

Con la llegada de los españoles la minería fue la actividad económica más importante, dejando de lado todo el desarrollo alcanzado en la agricultura. Luego de la Independencia, la agricultura tuvo poco desarrollo. Fue recién después de la Guerra con Chile y de encontrarnos en la etapa de reconstrucción económica, que se empezó a dar importancia a la agricultura. Ésta tuvo su auge con el cultivo de caña de azúcar y el algodón, siendo el foco de desarrollo la costa norte. En ese devenir se creó la Escuela Nacional de Agricultura en 1902 frente a la necesidad de formar a especialistas en agricultura, que dieran el soporte a las grandes empresas azucareras, principalmente.

​El Ingeniero Agrónomo de ese entonces (desde 1902 hasta 1980) se caracterizó por el desempeño de una agronomía básica, generalista, con innovaciones simples y relacionadas al uso de insumos y manejo de cultivos. Este Ingeniero Agrónomo tenía que hacerse cargo del manejo de todos los procesos de producción, no había una especialización. Desde 1980 (después de la Reforma Agraria) iniciamos la etapa de la agronomía moderna; a partir de 1990 se convirtió en una agronomía empresarial y se generó un avance en tecnología, por lo tanto los requerimientos por especialidad fueron más exigentes. Ya no era posible que el Ingeniero Agrónomo pudiera abarcar todo el manejo de un cultivo, y se vio forzado a especializarse, ya sea en riego, en sanidad, en fertilización y, dependiendo del cultivo y sus respectivas problemáticas, se tornó más especializado. Después del año 2000 la agronomía se tornó multifuncional; cuyas características de innovación son más complejas pues involucra el manejo de agroecosistemas, aspectos socioeconómicos y ambientales (parte de la exposición del Dr. Oscar Ortiz, especialista en Innovación y staff del Centro Internacional de la Papa).

Nuevamente, tal como ocurrió a inicios del siglo XX en que el desarrollo de la agricultura se centró en la costa norte, también observamos un desarrollo en infraestructura y tecnología de la agricultura en la misma región. La prospectiva nos ayuda a analizar las tendencias de la agronomía hacia el 2050. Las exigencias de esta agricultura van hacia el desarrollo de una ‘economía verde’ (en la que se debe reducir la huella de carbono y la huella hídrica en la producción de alimentos pero a la vez debemos producir más alimentos para la población mundial); también la genómica, la nanotecnología, la percepción remota, la robótica, el manejo de mucha información o datos (‘big data’), la seguridad alimentaria, la participación de las grandes cadenas agroalimentarias, la sustentabilidad, entre otras. Por lo tanto, lo que se exige actualmente al futuro Ingeniero Agrónomo es que sea un innovador constante en su actividad para adaptarse a las condiciones cambiantes del futuro y adaptar la agricultura a dichas condiciones, debe ser un facilitador de la innovación para la diversidad de usuarios (O. Ortiz).

​Sin embargo, queda el desarrollo de la agricultura en las otras partes del país a fin de llegar a promover la equidad y seguridad alimentaria con sostenibilidad y acorde a la protección del ambiente.

La herencia de nuestros antepasados demuestra esta cultura de la innovación frente a condiciones adversas, se buscaba la seguridad alimentaria de los antiguos pobladores. Ante el actual escenario y el reto del cambio climático, se requiere que el Ingeniero Agrónomo sea el generador de cambios que el campo exige.

​Fuente: agraria.pe agriculturers.com